• Yawar Nazir Alonso

Productos leoneses: entre la excelencia y la invisibilidad

León es, según los registros del Ministerio de Agricultura, la provincia con mayor número de sellos de calidad agroalimentaria de España. Una diversidad geográfica y climática única ha dado lugar a productos excepcionales: vinos reconocidos internacionalmente, embutidos singulares, manzanas con denominación de origen, y una cecina que ha traspasado fronteras. Sin embargo, esta riqueza contrasta con una realidad frustrante: escasa presencia en el mercado nacional, bajo volumen de negocio y una proyección institucional difusa. León parece estar, literalmente, en tierra de nadie.

  1. Sin cadena de distribución regional

Una de las principales debilidades es la ausencia de una cadena de supermercados local o regional que respalde a los productores. Mientras en otras comunidades establecimientos como Froiz, Alimerka o Gadis contribuyen a dar visibilidad a marcas locales, en León no existe un canal propio para posicionar sus productos en la compra diaria. El resultado: poca presencia en los lineales y dependencia de grandes distribuidores.

  1. El reto de la marca blanca

El dominio de las marcas de distribuidor, que suponen cerca del 60% de la cesta de la compra, deja poco espacio para pequeños productores. Para competir, se necesita escala. Y León no la tiene: la mayor empresa alimentaria de la provincia, una elaboradora de embutidos, factura 20 veces menos que el grupo empresarial de Lérida al que pertenece, una provincia que sí ha logrado escalar negocios familiares hasta convertirlos en líderes nacionales. Lo aplicable al citado territorio es también extensible a otros como Navarra, Burgos o Cuenca, con empresas milmillonarias en ventas.

  1. Empresas pequeñas y capital foráneo

Muchas de las firmas leonesas han sido absorbidas por grupos de fuera. La principal láctea pertenece a una cooperativa andaluza, la primera fábrica de embutidos a un grupo catalán, y las conservas vegetales a una firma riojana. Incluso la carne de vacuno premium que otrora fue orgullo local, presente con su nombre de marca en muchas cartas de restaurantes prestigiosos de toda España, ha pasado recientemente a manos de un conglomerado vallisoletano. Las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) tampoco ayudan: el Queso de Valdeón, por ejemplo, tiene un único productor, y la compartida de Los Beyos no tiene ninguno en León y sí en Asturias. La producción en otras es casi testimonial.

  1. Promoción sin estrategia

La promoción institucional resulta, cuanto menos, opaca. La DOP Manzana del Bierzo carece de página web propia. Lo mismo ocurre con el Botillo, el Pimiento Asado del Bierzo y otros productos de esa deprimida comarca, excepto el vino. Además, la oposición ha denunciado que la Diputación no ha pagado aún las ayudas correspondientes a 2020 y 2021. Aunque el presupuesto de promoción en 2024 ha sido el más alto de la historia, no existen datos públicos sobre su impacto real: ¿cuántas ventas generó? ¿Cuántos contactos comerciales se lograron? ¿Qué retorno obtuvo el territorio? Cabe preguntarnos si estamos a vender o solo para la foto.

  1. Poca penetración fuera de León

Salvo contadas excepciones —el vino de la D.O. Bierzo y la IGP Cecina de León—, los productos leoneses apenas cruzan fronteras. El vino ha logrado un reconocimiento internacional que ha conllevado presencia en restaurantes con estrella Michelin. Incluso ha sido el único tinto español representado en el pabellón de España en la Expo de Osaka 2025, como pude comprobar “in situ”. Teniendo en cuenta que en el primer mes han visitado el recinto ferial 3mn de personas, no parece mal escaparate. La cecina, por su parte, puede encontrarse en mercados europeos. Pero fuera de esos casos, la invisibilidad es casi total.

  1. Ausencia en el mundo gourmet

La gastronomía de calidad se promociona en ferias, medios y redes. Sin embargo, León apenas aparece relacionada en los grandes eventos del sector. De la última edición del Salón Gourmets, la número 38, con más de 2.000 expositores, 55.000 productos y 100 mil visitantes, no se ven reseñas de productos, restaurantes, bares, tiendas, escuelas, show cooking o chefs leoneses en las 164 páginas de la misma publicación que promueve el evento. Tampoco somos asiduos a revistas especializadas, secciones gastronómicas o suplementos de prensa nacional. Mientras otros territorios se posicionan como destinos gourmet, León permanece al margen, como ya se está viendo en negocios donde antes había cecina de León y ahora la venden de Black Angus, Wagyu nacional o Kobe para un público de mayor poder adquisitivo como he podido comprobar hace escasos días en los Gourmet del Corte Inglés de Goya o Serrano, donde nuestro producto ha sido sustituido por los más caros citados anteriormente.

  1. Falta un escaparate digno

El Mercado del Conde Luna, que podría ser el epicentro de la promoción agroalimentaria, no funciona como tal. Tampoco la hostelería local ha apostado decididamente por el producto leonés: predomina un modelo más de reunión social que gastronómico, con tapas abundantes pero sin identidad de calidad. “Mira si tendrán mal género que lo regalan” me ha llegado a comentar con sorna algún foráneo. En otras ciudades, los mercados se han convertido en polos turísticos y plataformas de visibilidad para productores locales, con multiples reseñas en prensa nacional de sus establecimientos hosteleros. Aquí, no.

¿Qué se puede hacer?
A pesar del diagnóstico sombrío, hay margen de mejora. Algunas propuestas:

  • Transparencia y resultados: toda acción promocional financiada con dinero público debe rendir cuentas. Se necesitan indicadores claros: impacto en ventas, aparición en medios, retorno de inversión.
  • Modernizar la imagen: salir fuera implica representar calidad. No se pueden repetir situaciones, como se ha podido observar en fotos de prensa, con mesas de camping en plena calle rellenando platos a una fila de gente que espera comer gratis y venderlo como éxito de asistencia. La imagen también comunica valor.
  • Reforzar escaparates locales: el Mercado del Conde Luna debería abrir con horarios adaptados al turismo y convertirse en plataforma de productores y restauradores de calidad. No deben malgastarse los recursos en proyectos inútiles, como grandes plataformas estilo Amazon ofrecidas a incautas administraciones públicas como ha pasado en otros sitios, así como con las webs de productos.
  • Inspirarse en modelos eficaces: provincias cercanas han impulsado estrategias público-privadas entre Diputación y Cámara de Comercio que sí funcionan. León debería mirar menos hacia dentro y más hacia lo que sí da resultado.
  • Aceptar que el crecimiento vendrá de fuera: con una población envejecida y decreciente, el consumo interno no puede sostener el futuro del sector agroalimentario leonés.

En conclusión, León tiene productos con calidad, autenticidad y un relato poderoso. Pero el mercado no premia la excelencia por sí sola: exige visibilidad, estrategia y cooperación. Hoy, nuestros productos están atrapados entre el supermercado y la alta cocina. O salimos del limbo, o nos resignamos a que lo bueno se quede en casa… sin que nadie lo pruebe.

Yawar Nazir Alonso
Secretario General de la Academia Leonesa de Gastronomía
Doctor en Derecho Financiero y Tributario
MBA IE